Sagradas escrituras

Dijo el profeta:

... y entonces sabréis que una nueva era habrá comenzado en vuestras vidas, y os abrumará la zozobra ante la voracidad incontrolable de una boca desdentada, y viviréis momentos en que los quitamanchas en aerosol palidecerán ante el atroz reto que enfrentan, y soportaréis tiempos eternos en que el ominoso color naranja zapallo cubrirá cada centímetro de la Tierra, y habréis de denominar a estos días como "La Era De La Papilla"...

Nueva casa

Ya cansado de tener archivos, imágenes y sonidos desparramados por los cuatro puntos cardinales, de tal manera que cuando uno no fallaba, fallaba el otro, un servidor decidió mudarse de ídem. Que sirva este sencillísimo acto como inauguración de las flamantes instalaciones de Amor Entintado en www.amorentintado.com

Como recién nos estamos acomodando, todavía quedan algunos cuadros por colgar, la canilla del lavadero gotea un poco, y barrimos mucha de la mugre bajo la alfombra. Está todo sostenido con pedazos sucios de cinta y alfileres doblados. Por lo tanto, les agradeceré de corazón que me hagan saber en los comentarios de este post acerca de cualquier problemita que encuentren o aspecto que no les agrade de estos nuevos aposentos.

El literal

Desde muy chico, Carlos habló lo mínimo indispensable, manteniendo el resto del tiempo los labios bien apretados para evitar la poco afortunada ingesta de algún insecto volador. Lucía siempre un gesto adusto, excepto en las tardes de tormenta; cuanto más torrencial la lluvia y salvaje el trueno, más amplia era la sonrisa que le iluminaba el semblante. Cuando su madre lo llevaba de visita a otras casas, lo primero que hacía era revisar la cocina, y se sorprendía mucho si no burbujeaba sobre el fuego una gran cacerola de suculentas habas.

Ya adulto, se dedicó a la herrería artística, moldeando intrincadas rejas, barandillas y portones en su fragua. Sin embargo, todos los cuchillos de su casa estaban enteramente tallados en la más ordinaria madera. Más adelante, compró algunas vacas como inversión y se vio obligado a abandonar su taller, ya que insistía en pasar cada minuto del día observándolas pastar, los ojos clavados en sus rumiantes flancos, buscando generar nuevas adiposidades. En las raras ocasiones en que salía a cazar por su campo, buscaba constantemente alcanzar con sus disparos a una pareja de faisanes en forma simultánea, frustrándose cuando (como siempre) sólo lograba dar muerte a ejemplares solitarios.

Nunca se casó. Ninguna de sus contadas novias aceptó restringir su dieta a emparedados de cebolla hervida por el resto de sus días, tal como él les exigía al pedir su mano en matrimonio.

Cuando alguien, demasiado tarde, le dijo que los refranes no eran para tomárselos tan al pie de la letra, Carlos no pudo evitar morirse (bien literalmente) de vergüenza.

Ahí y entonces

En un suburbio relativamente tranquilo al norte de Buenos Aires, un Febrero perezoso araña el mediodía. El sol se escurre, pálido, entre una tenue cortina de nubes deshilachadas, como si pidiera permiso después de varios días de haber desaparecido, esgrimiendo la excusa de aquella tormenta que trajo consigo el viento del sudeste.

El edificio rompe un poco la chatura del barrio, aunque no es muy alto y las curvas suaves que eligieron sus arquitectos lo hacen aparecer casi dócil. Se lo puede abarcar fácilmente con un golpe de vista desde la vereda sin levantar demasiado la cabeza, asomándose entre las ramas de los árboles que se estiran a lo largo de la cuadra.

Si los ventanales que cubren enteramente la fachada no reflejaran tanto el cielo, algún curioso podría espiar el interior de la pequeña oficina que se acomoda en una esquina del tercer piso. Adentro, el olor de las paredes recién pintadas y algunas cajas de cartón apiladas en un rincón dan la impresión de una mudanza reciente. Tres escritorios se desparraman sobre la alfombra color arena, cubiertos de cables enmarañados, monitores que zumban gentilmente y teclados llenos de polvo. El resto del panorama se completa con una pequeña cocina que podría estar más ordenada y algunas sillas vacías, impersonales en su plástico negro y frío cromado.

Sentado frente al único de los escritorios que destella señales de vida (fotografías familiares, papeles desordenados, un café ya frío), el muchacho deja de tipear en su teclado por un instante y se suena los dedos sin desviar la vista de la pantalla. Se lo nota entusiasmado mientras repasa el último párrafo que acaba de escribir, repitiendo para sí las palabras en voz baja. Es que, ya hastiado de sus vagos cuentos atemporales situados siempre en escenarios indistinguibles y brumosos, por fin ha logrado comenzar un relato con una minuciosa descripción del lugar y el momento en que transcurre la acción.

Claro que tanto detalle acerca de ubicaciones espacio-temporales no deja lugar para trama alguna en su obra, que termina casi antes de comenzar, pero eso no parece molestarle en lo más mínimo. Con una media sonrisa colgando de los labios, suspira satisfecho y pone el punto final.

Fantochino

El príncipe heredero Mateo I, a pesar de su sangre azul, es muy dócil y se presta a cualquier clase de juego estúpido al que su inmaduro padre quiera someterlo. Por ejemplo, si se lo sostiene por debajo de los brazos mirando hacia el frente, él planta firmemente sus piecitos en forma de empanada sobre el regazo de quien lo carga y se mantiene relativamente erguido, conformando una perfecta marioneta.

Varias de sus interpretaciones se han hecho ya muy populares entre el público, pero sin dudas su personaje más logrado es el de Mangão, el rudo campesino del Mato Grosso brasilero. Fanático del Minas Gerais, Mangão es recio y no se anda con rodeos a la hora de exigir lo que considera suyo. "¡Mulher!", le vocifera a su madre en un portugués tosco, con la garganta ronca por años de cigarros caseros de hoja de banano seco. "¡Voce vai trazer a sua leite pra mim, agora! ¡Seu peito suculento e meu, tudo meu!" La pobre, aterrada, sólo atina a ceder ante los deseos salvajes de este amenazante sujeto, que llega a su cabaña hambriento luego de largas horas de cosechar papayas al rayo del sol.

Mateo sigue desarrollando de manera constante muchas otras identidades para sus minúsculas obras teatrales. Una de las que más promete es la de Gerard Möendenblach, el sofisticado crítico de arte alemán, quien en un monocorde castellano pleno de erres guturalmente arrastradas conceptualiza al pecho materno como una "escultura orgánica nutricional de originalidad dudosa" y luego lo chupetea con fingido desinterés.

Aunque la creatividad del pequeño actor parezca inagotable, estos espectáculos a la hora de la cena tienen los días contados. Es que, ávido de libertad, el títere tarde o temprano cortará los hilos que lo unen con su molesto titiritero. Y, por mucho que quien esto escribe vaya a extrañar a Mangão y a Gerard, estará muy bien que así sea.

Canción del momento VI

Don Fantasma, uno de los más fieles lectores de este espacio, propuso con buen tino hace un tiempito que, en honor a la vuelta del Clan Entintado a la pampa húmeda que lo vio nacer, se incluyera un tango en la ya tradicional sección "Canción del momento". Y como este blog se debe a sus lectores, les proponemos deleitarse los oídos con uno de los tangos favoritos de quien esto escribe: Afiches, con música de Atilio Stampone y letra del glorioso Homero Expósito, en la voz y los particulares fraseos de una leyenda tanguera, Roberto "El Polaco" Goyeneche.

No se puede comentar demasiado de esta joya. Como particularidad se puede observar que, por motivos de rima y estilo, Expósito no utiliza el tradicional "voseo" porteño, sino que opta por un más universal y delicado trato de "tú" para con esa amada perdida. A pesar de este detalle, el tango no deja de chorrear melancolía arrabalera por los cuatro costados y es prueba contundente de que es enteramente posible descollar en el dos por cuatro sin abusar del vocabulario lunfardo.

Mejores dos segundos®: La frase, mezcla de excusa y entendible justificación, con la que el cantor nos explica el motivo de todas sus acciones: "¡Fue culpa del amor!".

Regusto

Raúl toma un trago de gaseosa dietética y, al principio, no detecta diferencia con el sabor a lima limón de la versión azucarada.

Un parpadeo después, sin embargo, el paladar se le queja en una punzada metálica algo amarga, que casi inmediatamente se transforma en el sabor de ese primer beso, de su piel entre las sábanas, del mar en un Febrero demasiado lejos. Al tragar, se le entremezclan en la garganta todas las lágrimas lloradas desde la noche en que dobló una esquina y nunca jamás volvió a verla.

Raúl, por supuesto, prefiere evitar las gaseosas dietéticas.

Comentarios indecisos

El funcionamiento del sistema de comentarios, que alojo en Brinkster, está resultando en estos últimos días bastante dubitativo. Vienen y van, y no soy el único al que le pasa (Federico puede confirmarlo), así que me queda el mediocre consuelo de no estar solo.

Por lo tanto, si tienen algo que aportar (que seguramente será más interesante que cualquier pavada que yo haya barruntado), no cejen en su esfuerzo, que luego de varias recargas a base de F5 las cosas se acomodan.

Y si no, bienvenidos son los correos electrónicos a la dirección de ahí a la derecha.

Actualización: Por amabilísima sugerencia de Cordín, nos hemos mudado de Brinkster a 1ASPHost, y por ahora todo parece funcionar de maravillas. La única diferencia que algunos podrán notar es que tendrán que reingresar sus datos en el formulario de comentarios aunque los hayan marcado anteriormente para ser recordados. Disculpen la pequeña molestia.

¡A comentar se ha dicho!

Actualización dos: Este blog, como ya hemos dicho en otras oportunidades, es mufa. No pasaron más que unas horas desde que mudamos el sistema de comentarios a 1ASPHost, y a estos muchachos se les ocurre meter banners publicitarios (a la Brinkster) que hacen que los totales de comentarios bajo cada post aparezcan siempre en cero. Igual se puede seguir comentando, así que no dejen que esa soledad de espejismo los detenga.

Será cuestión de que alguno le encuentre la vuelta para solucionar este problemita. ¿Ideas?

Actualización tres: Hasta arreglar el tema, quité el contador de comentarios en la parte inferior de cada post. A mí a emparchar problemas sin solucionarlos no me gana nadie.

Actualización cuatro y última: Arrepentidos como un mal novio que en una noche de alcohol se olvidó de la que siempre estuvo ahí y se obnubiló con otra, que nunca será lo que promete, volvemos con lágrimas en los ojos y un perdoname en los labios a alojar nuestros comentarios en Brinkster, que estará lejos de ser perfecto, pero siempre fue leal.

Sombras nada más

Desde las sombras al costado del camino, la Familia Entintada en pleno (con Mateo de rigurosa gorrita veraniega) aprovecha el capricho de este calendario que hoy nos cierra de prepo para desearles un excelente 2005 a todos los que por aquí se arriesgan a pasar.

Y de regalo de fin de año, un combo brindis/maldición para entonar a las doce de la noche: Champagne to our real friends, and real pain to our sham friends.

El maestro

Y dijo el viejo:

Enamorarse del perfume, del contoneo, del mechón perfecto, de la risa tersa y las caderas apretadas, de la ironía medida, del comentario sagaz y los labios generosos... Enamorarse de todas esas cosas es vulgar, fácil y cualquier idiota puede hacerlo.

Apasionarse por un bostezo, por un ronquido, por un diente asimétrico o un lunar hirsuto, festejar una carcajada de hiena y perderse en una tos húmeda, regodearse en el aliento de la mañana y el almuerzo quemado, adorar cada insufrible estupidez, ahí está el arte, ahí está el compromiso, ahí está el verdadero amor.

Bienaventurados aquellos que se deleitan no en los ocasionales destellos de perfección sino en las terrenales miserias mundanas, porque han encontrado a su alma gemela.

Y los presentes asintieron en silencio, solemnemente, hasta que alguien le asestó al sabio un merecido mamporro en la crisma y la fiesta siguió su curso, sin otras sentenciosas interrupciones que la terminaran de arruinar.

Mudanza

El Grupete Entintado se encuentra envuelto en el torbellino burocrático y valijero de una relocalización física (pero nunca espiritual), y el autor desea responsabilizar a estos mundanos trajines por la falta de novedades en este rincón.

Pronto retornaremos a la frecuencia de actualización habitual. Con mucha más pampa que palmera, eso sí.

Sepan disculpar el inevitable silencio de radio.

Flor de enciclopedia

(Extraído de la Enciclopedia Botánica Perez Galdós, España, 1964) Las flores de los arbustos del género triusis anteris son conocidas en la península ibérica y a lo largo de Latinoamérica como barquillos del diablo. Otros apelativos populares en el mundo hispanoparlante son corona de Babieca (Costa Rica), bonetiña (Venezuela) y sorbete de Wilson (noroeste de Uruguay).

De vistosos colores que van desde un furioso naranja a un delicado lavanda (de acuerdo a la época del año, las condiciones de los nutrientes del suelo y el daltonismo del observador), los barquillos del diablo gozaron a través de los siglos de un gran prestigio, siendo utilizados no solamente como elementos decorativos sino también para variopintos propósitos alternativos. Por ejemplo, los campesinos de la Andalucía medieval solían secar las flores entre planchas de cuero de cabra y luego molerlas hasta lograr un fino polvo, que utilizaban para sazonar guisos y potajes. Crónicas de la época reseñan el dejo a almendras y salvia que proporcionaba a las comidas, además de sus poderosos efectos estimulantes y alucinatorios, capaces de permitir a sus consumidores trabajar en la cosecha durante más de diecisiete jornadas continuas sin dormir, entonando a todo momento zarzuelas, negro spirituals y (en un alarde de adelanto a la época) baladas de Ricardo Montaner.

Por su parte, los indígenas de las sierras panameñas (que conocieron al barquillo del diablo gracias a los conquistadores que importaron los bulbos desde la vieja Europa) utilizaban un macerado de las flores para calmar los ardores causados por las heridas de lanza y puñal que sufrían durante las constantes escaramuzas que solían suscitarse entre las distintas facciones que se disputaban el poder en su reducida comarca. Los efectos anestésicos eran inmediatos, pero quizás demasiado intensos. Al aplicar el preparado sobre la carne viva, el dolor desaparecía en menos de un segundo; el consiguiente fallecimiento por sobredosis de morfináceos en sangre, lamentablemente, nunca demoraba más de tres o cuatro minutos. De ahí proviene el célebre paralelo entre medicina y muerte de esta zona de Panamá, en donde aún hoy en día todos los farmacéuticos son también funebreros.

Continuar mencionando la infinidad de aplicaciones de esta maravillosa flor sería una tarea casi imposible, pero basten algunos otros ejemplos al azar para ilustrar tan magnífica flexibilidad: la tribu Curitambí Porá de la zona lacustre paraguaya confeccionaba vestidos de gala a partir de sus pétalos trenzados, mientras que los pigmeos amazónicos masticaban los pistilos como anticonceptivo masculino, y por su lado algunos sacerdotes mayas utilizaban el polen como base para la sombra de párpados que lucían en sus célebres misas trasvestidas.

Lamentablemente, la terrible epidemia de gorgojos colorados del año 1937 aniquiló prácticamente todas las plantaciones de barquillos del diablo en el mundo. Los poquísimos ejemplares que aún sobreviven se pueden encontrar en las aceras suburbanas de una turística localidad del sur de la península de la Florida, decorando los frentes de pequeñas tiendas de postales y malvaviscos, y de allí proviene la fotografía con la que se ilustra el presente artículo.

Acción de gracias

Atención: Peligro de sensiblería mayor a la acostumbrada.

Ayer se celebró por estas latitudes una fecha en la que, en medio de pantagruélicas cenas e irresistibles ofertas, la gente hace un balance de las cosas positivas que puedan estar dándose en sus respectivas vidas y agradece a Dios, Alá, Brahma, la Madre Naturaleza, Peperino Pómoro, el éter o lo que se les cante.

Repasando los muchísimos motivos que tengo para estar agradecido, Amor Entintado se entremezcla en los puestos más altos del año, entre otras luminarias como el nacimiento de un hijo, el amor incansable de la Entintada, nuestras respectivas familias y sus saludes varias, los amigos que nunca aflojaron y (una vez más) River Plate campeón. Y no puedo dejar de extender mi infinita gratitud a aquellos que, con mayor o menor regularidad, por obra y gracia de Google o de su propio masoquismo inexplicable, día a día se pegan una vuelta por este rincón, pispeando en silencio o deslizando algún comentario. Son muchas estas caras que jamás vi y manos que nunca estreché para intentar nombrarlas una por una, pero sepan que los aprecio profundamente a todos y su sacrificio no es en vano.

Quedará pesando en cada una de sus conciencias la responsabilidad de que yo siga regurgitando esta caterva de insultos al buen gusto que tengo la desfachatez de llamar blog.

Espías de caucho

Fotografía sacada esta mañana desde nuestro balcón:

Zoom para más detalles:

Estoy algo inquieto. El patrón de vuelo de este dirigible era hostil, ominoso y amenazante, en marcado contraste con la optimista inscripción que lo engalanaba. Tengo la certeza de que, por alguna razón, desde ahí nos observaban con gran detenimiento. Sería ingenuo de mi parte pensar que cerrar las cortinas serviría de algo. No sé qué es lo que quieren, pero no importa demasiado; sé que no van a detenerse hasta conseguirlo.

Para peor, hace unos minutos comprobé lo que temía: en nuestro auto tenemos cubiertas Firestone.